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Tetuán

  • 23 mar 2025
  • 7 Min. de lectura

Los orígenes de Tetuán se remontan al siglo III a.C., cuando fue fundada por el pueblo bereber. A lo largo de los siglos, la ciudad ha sido influenciada por diversas civilizaciones, incluyendo romanos, árabes, portugueses y españoles. Durante la época andalusí, Tetuán se convirtió en un refugio para los musulmanes que huían de la Reconquista en España, lo que resultó en una fusión cultural notable que se refleja en su arquitectura y tradiciones.

La medina de Tetuán, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un laberinto de callejuelas estrechas, plazas y zocos que reflejan la influencia andalusí. A diferencia de otras ciudades marroquíes, la medina de Tetuán ha conservado su autenticidad y ofrece una visión genuina de la vida tradicional marroquí. Conocer un país de la mano de un guía nativo es, a mi parecer, lo mejor que puede pasarte. Más aún si ese guía explica cada detalle de la ciudad y su gente con tanta pasión como Abdul. Gracias a él aprendí los cuatro elementos esenciales que caracterizan todo casco antiguo:





Primero que todo, la mezquita: gracias a Abdul, aprendí que en el mundo islámico existen dos tipos diferentes de mezquitas. Las llamadas Masjid, que son lugares de oración compuestas, entre otras cosas, por  el mihrab, (estructura en forma de arco en la pared que indica la dirección de La Meca), y por el minbar, (púlpito desde donde el imán da el sermón).

Por otro lado, encontramos la Zawiya; que además de ser un lugar de oración,  albergan la tumba de un santo sufí, un erudito o un líder religioso importante.​​

Segundo elemento: el horno. En Tetuán, los hornos tradicionales, conocidos como farrán, son fundamentales en la vida diaria de la medina. Estos hornos comunitarios, construidos con arcilla y piedra, funcionan con leña y se utilizan para cocer el pan casero de las familias locales. Uno de los hornos más antiguos de Tetuán es el Horno Amahli, situado cerca del hammam del mismo barrio en la medina. Construido a finales del siglo XVIII, este horno de leña ha estado en funcionamiento durante más de 200 años, cocinando pan de forma artesanal para los habitantes del barrio.

(Personalmente, aquí debo hacer un inciso para puntualizar que el pan está... para morirse de bueno. Es increíble).

Tercer elemento: las fuentes. Esenciales en las medinas de Marruecos, tanto por su valor funcional como por su significado social y espiritual.

Cuarto y último: el hammam. Es uno de los elementos más emblemáticos de la cultura marroquí y de muchas otras regiones del mundo árabe y musulmán. Se trata de un baño de vapor tradicional con una profunda importancia tanto en la vida cotidiana como en la espiritualidad y el bienestar físico. Es mucho más que un baño. Es una tradición profundamente arraigada en Marruecos que combina salud, bienestar, espiritualidad y, sobre todo, comunidad. Es una parte vital de la vida cotidiana, especialmente en las ciudades antiguas y medinas.

Tras darnos una buena lección de historia y arquitectura de la medina, Abdul nos conduce a través del mercado; nos habla de la cultura y costumbre del regateo, del Dírham, de la tradición del cuero... y la mezcla de colores y olores a productos frescos me invade la nariz, ¡menudo festival!







El olor de las especias era el claro protagonista: en un punto de la calle, a la izquierda, aparecieron de repente unas escaleras que nos conducían a varios puestos más, repletos de verdura, fruta y especias de colores intensos como el azafrán, el pimentón... o de aromas atrayentes como la canela,  el jengibre, o el ras El Hanout, (Una mezcla tradicional marroquí que puede contener entre 20 y 30 especias diferentes. Es un condimento clave para la preparación de tajines y cuscús). Pero había algo más entre puesto y puesto; un detalle que no esperaba encontrarme en Marruecos, (en pocos lugares, en realidad). Campando a sus anchas, tumbados frente a las puertas de los almacenes de los productos e incluso correteando entre las piernas de los vendedores: gatos. Y no uno, ni dos... ni mucho menos tres. ¡Cientos! Todo el mercado de Tetuán estaba dominado por la presencia de los gatos, y no de unos gatos comunes y corrientes; si no de unos que no sentían ningún tipo de temor frente a la presencia o la cercanía humana. 

Aviso: voy a hacer MUCHO incapié en esto porque es algo que me dejó alucinando.

Literalmente, SIN MIEDO.

Resulta que debido a la relación religiosa y cultural positiva hacia los gatos, estos se consideran animales más deseables y aceptables en la vida cotidiana en Marruecos. Los gatos son vistos como criaturas muy limpias: compañeros que ayudan a mantener las ratas y plagas bajo control, especialmente en lugares como los mercados y las tiendas, lo que los convierte en una parte valiosa de la vida urbana, por lo que no es de extrañar que estos animales se sientan seguros, convirtiendo las calles, normalmente transitadas por ciudadanos y turistas, en su zona de confort. Para mí, conocer este detalle sobre Marruecos fue un enorme punto a favor, y aún más con una anécdota que me ocurrió antes de volver a España, al visitar el pueblo de Chefchaouen, (pero eso te lo contaré más adelante). 

Por otro lado, aunque los perros sí existen en Marruecos, en muchas áreas, no son tan visibles en la vida pública, especialmente en lugares urbanos y turísticos como las medinas y los mercados. Los perros en Marruecos suelen estar más asociados con trabajos específicos, como perros de guardia o pastores.


Después de nuestro paseo por el mercado, nuestra siguiente parada fue en uno de los rinconcitos de la medina, para enseñarnos de primera mano cómo es el auténtico traje tradicional de las mujeres jebli del norte de Marruecos:



Aunque antes solo se usaba en áreas rurales, hoy en día esta vestimenta también se ve en festivales de cultura marroquí y eventos de preservación del patrimonio.


Después de atender a las explicaciones de Abdul sobre este traje, pasamos a uno de los aspectos clave de la cultura marroquí: la comida. He de repetirlo, y lo haré hasta la saciedad: yo no iba con ningún tipo de plan a Marruecos, ha sido el primer viaje en el que yo no estaba al tanto del itinerario ni tampoco me informé, (aparte de la información basiquísima que ya tenía yo sobre Marruecos), por lo que todo cuanto visitamos, aprendimos y comimos fue completamente por sorpresa, (y qué maravilla).


Échale un ojo a esta receta
Échale un ojo a esta receta











Te digo una cosa: he comido en España, Portugal, Francia, Irlanda, Italia y Marruecos... y de entre todas ellas y sin dudarlo, me quedo con la gastronomía de España y con la de Marruecos. ¡Nunca he comido tan bien en un país extranjero! ¡Qué sabores! ¡Qué aromas! Si antes de visitar el país este ya me atraía, después de conocer su gastronomía... ¡ni te cuento! El tajín, el cuscús, la harira... (enamorada me he quedado de ella, mis dieces).

¿Y los dulces? ¡Ya estás tardando en apuntártelos! (No olvides el pan)





















Para rematar nuestra experiencia en Tetuán, Abdul nos dejó varios datos extra muy interesantes ya no solo de Tetuán, si no de todo Marruecos:


  1. Las calles del casco antiguo, (Medina) de Tetuán, son laberínticas. Personalmente, me recordaron mucho a la estrechez de algunas de las calles del casco histórico de Sevilla. Y de hecho, la razón de esta similitud es la misma: La ciudad de Tetuán que conocemos hoy en día fue reconstruida en el siglo XV por refugiados musulmanes y judíos expulsados de Al-Ándalus. Su trazado irregular y cerrado responde a un modelo urbano defensivo: al contar con calles sinuosas y estrechas dificultaba la entrada de invasores y desorientar a los enemigos si llegaban a irrumpir en el interior.

  2. Las puertas de la medina de Tetuán están pintadas de verde, si se tratan de comercios, o por el contrario de marrón si son viviendas privadas.

  3. Tuvimos la suerte de conocer un poquito sobre Marruecos coincidiendo en el mes del ramadán, y como mi curiosidad es infinita, aquí te traigo algunas cosillas que he aprendido de esta costumbre:

    1. El mes en el que se celebra el ramadán va cambiando cada año, en función del calendario lunar.

    2. El cumplimiento del ramadán se considera uno de los cinco pilares del islam, siendo los otros cuatro: profesión de fe, oración, azaque y peregrinación a La Meca.

  4. Hablemos de la seguridad: desde que se me ocurrió la brillante idea de anunciar en casa que quería ir a Marruecos, la opinión contundente y general era:


    ¡Menuda locura! ¡Habiendo tantos países, y te vas a Marruecos!


    A ver, hablando en plata: cualquier cosa que imagines es más probable que te pase en tu país natal, (en mi caso, España) que en un país extranjero. ¿Por qué? Muy sencillo: estamos acostumbrados a bajar la guardia en nuestra zona de confort. ¿A que a ti no se te ocurriría volver de fiesta a las 04:00am andando sola durante kilometro y medio hasta tu hotel si estuvieras en... Somalia? Pero, ¿a que lo haces en España? ¿Por qué? ¿A caso España tiene un premio a la seguridad callejera y la protección ciudadana? (Spoiler: no, no lo tiene, ni muchísimo menos). Es más probable que te roben o que te ocurra cualquier cosa porque, aparte de la seguridad que pueda tener o no cada país, estás en tu país, en tu zona de confort, en tu "lugar seguro" y eres más propenso a hacer cosas que no harías en otro sitio. Estando fuera de casa, cada uno es consciente de qué puede o no puede hacer, dónde no debe hacerlo y a qué tiene que estar atento a la hora de salir de fiesta, ir a comer, o incluso coger el metro.

    Aparte, te digo más: precisamente Marruecos es considerado el país africano más seguro de todo el continente, y en concreto, Marrakech, Esauira y Chefchaouen se llevan la palma en cuanto a seguridad para el turista. Obviamente esto no quiere decir que puedas ir a Marruecos con las cremalleras de las mochilas abiertas y el dinero en la mano porque no corres ningún peligro. Seamos un poquito coherentes, planeemos nuestros viajes con cuidado y, lo más importante, no te dejes llevar por los temores ajenos, sobre todo cuando provienen de alguien que la distancia más lejana que ha viajado ha sido de su sofá a la tasca del barrio.

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